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domingo, 30 de octubre de 2011

UN GOBIERNO DE LOS INTELIGENTES *




Una interesante metáfora de un gobierno ideal en Springfield

Desde luego que muchos habrán visto este capítulo de Los Simpson, donde Lisa harta de la incultura y el desinterés por una vida normal (léase decente) de su ciudad, sus padres y de toda la gente que ella conoce. (Se da cuenta que nadie lee)
Luego, decepcionada intenta remover esas conciencias anticiudadanas al publicar una carta en un diario donde explicita ese malestar. Carta que por cierto a nadie interesó. Como es obvio, Homero tenía en su cabecita otras cosas por hacer antes que leer un periódico.
Lisa en esa pesadumbre de su soledad intelectual recibe una carta de invitación donde está Seymour Skinner que tiene una especie de sociedad secreta de los más listos, es decir, gente como ella aspirando a que las cosas marchen desde las perspectivas de sus inteligencias y elevado sentido común.
Un día, apartan un lugar para una celebración, pero encontraron a otros tipos que les llegaba altamente que el grupo de Lisa halla hecho alguna reservación sobre el paraje. Molestos porque nadie entendía su caso van donde el alcalde Joe Quimby y este huye y sin querer queda como testigo del hecho, el policía Clancy Wiggum quien viene con su tropa y haya a los inteligentes en particular conclave. Ante el hecho de ingobernabilidad que se presenta en Springfield leen un documento que cuelga en la pared de la oficina que decía que de presentarse una situación de esta naturaleza, una junta de inteligentes asumiría el gobierno. La situación se presta para mejorar todo, y con análisis lógicos de la realidad e ideas “brillantes” intentan cambiar varias cosas y hasta patrones de conductas y hacer de Springfield un lugar habitable y decente.
Las discusiones entre ellos no se hace esperar entre este grupo que tiene sus intereses personales y llegan a discutir en una reunión con los ciudadanos y estos están descontentos con ese sui generis gobierno impuesto. Los inteligentes pelean entre sí sobre las capacidades y el Coeficiente Intelectual (CI) de cada uno. Rompe la estúpida lucha la aparición del sabio Stephen Hawking quien les increpa que posee el CI más alto que todos ellos y destroza sus efímeras vanidades armándose una bronca entre todos y Hawking salva con su máquina ( que en este escena vuela) a Lisa de ser linchada por los molestos ciudadanos.
El capitulo acaba con Stephen Hawking y Homero en el bar de Moe.
¿Cómo conciliar la inteligencia con la política y con el buen gobierno?




* Artículo escrito en enero del 2011.

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL FACEBOOK




Carlos Rivera
Lo primero que hice aquel día fue escribir en el muro de mi cuenta en el facebook Hoy senté a la belleza en mis rodillas, parafraseando al buen Rimbaud. Tal vez era la manifestación de mi conciencia que transitaba delirante por una mujer que empezaba a querer de una manera salvaje, y, con la cual conversaba por este medio y algunas veces salimos al cine o a tomar algunas bebidas hablando de literatura y cine como dos locos. Había cautivado y arrinconado por un momento a mi soledad. Aun no sabía si era un fantasma, un ser maldito, o una mujer vulgar que intentaba venderme la careta de una cortesana sutilmente culta. Pero, era original. (O al menos, parecía serlo)
No supe de ella por una semana, hasta que la encontré, ese día a las 6:00 de la tarde en el facebook. La sentía triste, deprimida. Indagué por saber qué es lo que pasaba y me explicó que sus dramas y perturbaciones no la dejaban en paz .Había pensado toda la semana en llamarme a mi celular pero evitó hacerlo. Le increpé por ello y le manifesté toda mi disposición para ella.
Quedamos para vernos a las 8:30 en el centro de la ciudad.
Su necesidad de verme y el hecho del compartirme sus sentimientos dramáticos me hicieron creer que sentía algo por mí, que podía amarme y que ansiosa venia a mis brazos y me apapachaba con sus besos dejándome perturbado, pero lleno de placenteras caricias. Estaba delirando desde luego.
Llegó casi cuarenta minutos tarde, pero en fin, caminamos buscando un café en medio de esta ciudad cucufata y que duerme a las diez de la noche. No había lugares donde sentarnos y platicar un poco. Hallamos un chifa barato y ahí llevamos un pedazo de torta y solo compramos las bebidas para extender nuestras chácharas personales. Solo hablamos de trivialidades, evadía el fondo de mis preguntas cuando le increpaba por saber de sus malestares depresivos. Ya eran las once de la noche y decidimos salir del lugar y caminar. Metió sus brazos entrecruzados en su chompa y no quiso sacarlos a la intemperie, Le ofrecí un cigarrillo y no aceptó, no quiero sacar mis manos, tengo mucho frio, me dijo. Le ofrecí entonces ponerle el cigarrillo en sus labios cada cierto tiempo mientras avanzamos y mirábamos la noche y los paseantes por la calle.
Llegamos al paradero para tomar su carro. Opté por no decirle lo mucho que empezaba a quererla. Esperaba que fuera en otra cita donde pudiera desplegar desplieguen mis sentimientos al máximo. Llegamos al lugar y no quería irse, yo tampoco, claro que sabia por qué (en el trayecto había visto a su ex, al que le dedica sus delirios poéticos y las claves de sus canciones que pega en su cuenta del faceboock ) pero me hice el desentendido. Aun así, pensé que podría ser parte de alguna venganza y se entregue a mí. Desde luego no importaban las formas, quería dedicarle mis versos, tenerla en mi cama lo más pronto posible y beberme cada centímetro de su cuerpo.
Como todo estaba cerrado y la gente era poca y solo había un ambulante que vendía sus cigarrillos y golosinas, compramos unas galletas y nos quedamos sentados en las gradas de un paradero conversando de muchas más trivialidades suyas, de pronto la maldita confesión personal de su respectiva teoría:
-Yo no tengo muchos amigos, son pocas personas en las que puedo confiar, solo tengo algunos amigos
-ummmm- musité adivinando a donde iban sus palabras
-De hechos a veces salgo con T y con un amigo llamado C, pero de ahí no tengo a nadie mas… bueno ahora te tengo a ti.
Hasta que lo dijo y me dolió horrible como si me clavaran una daga en el cuello, Agaché mi cabeza ¿acaso no se daba cuenta que cavilaba tristemente? Era solo un miserable amigo para ella.
Le expliqué que yo no creía en la amistad y esas boberías de los abrazos y protocolos que se endilgan mutuamente. Solo converso con quien me interesa y si una mujer me gusta, no soporto de las féminas recibir sus condolencias amicales.
-¿Acaso no sabes lo mucho que me gustas?- le pregunté
No respondió y se quedó por un momento perdida. Me recordaba a María Irribarne.
-Sabes, voy a decírtelo de una vez…
Cuando me disponía a decírselo, un grupo de policías que rondaban la calle se reunieron cerca a nosotros y no me dejaban completar las frases de mi declaración. La madrugada ya nos daba su bienvenida golpeándonos con pequeña ráfagas de viento nuestros rostros, pero seguíamos sentados ahí.
Los malditos policías seguían con su plática y yo no podía articular nada.
Hasta que se fueron y yo quise que estuvieran muertos. Retomé mi propósito y logré decirle lo que sentía y la abracé dándole besos desde su frente hacia la ruta de sus labios y ella no me lo impedía. Cuando estaba sin respuestas y a unos milímetros de sentir su boca, aparecieron una jauría de perros callejeros que ladraban y jugueteaban a nuestro alrededor además de perseguir a una hembra, provocando todo el escándalo posible que desdibujaban ese momento , que presumiblemente debía ser romántico. Los perros se fueron por un momento y me increpó:
-Tú no me conoces, yo no estoy preparada para tener una relación. Además no sabes nada de mí ni de las personas con las que estuve- expresó desafiante para que me olvidara de mi sentimiento.
Claro que sabía todo de ella, sus amores, sus amantes, pero no se lo dije.
-Tu solo eres mi amigo, yo te estimo. No puedo estar con alguien que no me provoca pasión. Quiero sentir…
Trate de prometerle cosas, cariño., entrega y dedicación hacia ella, pero continuaba con la cantaleta del amigo. Yo le volvía a explicar que descreía de la amistad. Ya eran las tres de la madrigada, el frio era mayor. La tenía abrazada e intenté por última vez al menos, besarla. La miré a los ojos y me acerqué nuevamente a su boca y se alejó intempestivamente. La jauría de perros se acercaba. No había nada más que hacer. La tomé del brazo y la acompañé a tomar su taxi. Se fue.
Desde luego ardía en rabia.. Dos perros de la jauría se acercaron y me siguieron alrededor de mas de de diez cuadras mientras caminaba fumando unos cigarrillos y asumía mi fracaso.
Trate de dormir, pero no podía, tome Sputnik, mi amor de Murakami, encendí mi computadora y abrí mi cuenta del facebook y coloqué en mi muro aquel comienzo que me había conmovido hasta el espasmo:



“A los veintidós años, en primavera, Sumiré se enamoró por primera vez. Fue uno amor como un tornado que barre en línea recta una vasta llanura. Un amor que lo derribó todo a su paso, que lo succionó todo hacia el cielo en su torbellino, que lo descuartizo todo en un arranque de locura, que lo machacó todo por completo.”



Al hacer esto, recién pude conciliar el sueño.

martes, 25 de octubre de 2011

MANUAL DEL IZQUIERDISTA CAVERNARIO AREQUIPEÑO



Carlos Rivera



1.-EL Izquierdista Cavernario Arequipeño (ICA) vivió por unos momentos aupado al nacionalismo de Ollanta Humala. Ahora lo acusa de derecha y neoliberal. Transita su discurso entre un (ultra)nacionalismo, el socialismo y le hace guiños al etnocacerismo. Sus ensoñaciones arcaicas lo conducen a desear ir a pelear al monte -si es que hay que hacerlo- y como no hay monte se va al frontis de La Catedral, a la Plaza España o toma cualquier calle del centro de la ciudad.
2.- El ICA solo sabe de plantones y marchas. Cuando quema llantas o ensucia las calles por sus luchas, dejan tirado todo, luego hablan de la patria y de su amor al país. Si ni siquiera primero aman y respetan sus calles y a sus ciudadanos como pretenden cambiar la historia de un pais y del mundo.
3.-El ICA todavía no hace una diferencia semántica entre socialismo y comunismo. A pesar de que citan a Mariátegui no saben que hizo, quien fue, su dimensión en la historia peruana. Con las justas leen Los siete ensayos y nunca La Escena Contemporánea, El artista y la Época o La novela y la vida. Critica al Liberalismo y no saben qué es, citan a Chomsky y no ha leído ninguno de sus libros.
4.- El ICA habla sobre la pobreza, le conmueve, por eso busca los cafés más burgueses de Arequipa para sensibilizarse sobre dicho flagelo. Los sábados se divierte en la muy pituca San Francisco y a veces (muchas) se van al Kentucky, Saga o a los mall para conspirar sus próximas acciones contra el hambre y la miseria, mientras saborea su rica hamburguesa capitalista, símbolo del imperio yanqui.
5.- El ICA cree que sabe de la pobreza por que la vio en un periódico, en un reportaje televisivo o ve mendigos en la calle. Se cree defensor de sus causas y se toma sus nombres pero ni siquiera conoce los conos o las provincias fuera de la urbe o sabe lo que es un Menú de comedor popular. Nunca se ha atrevido a hacer algo mas por ellos, mas allá de la palabrería barata que no da de comer ni te da empleo.
6.- El ICA tiene afán de pendenciero, pelean entre ellos y cada uno se jura mejor que el otro, se acusan de reaccionarios, corruptos y se reinventan en facciones y grupúsculos hasta dinamitarse mutuamente. Les aterra la unidad por que ya es parte de su genética.
7.- El ICA le gusta la peliculina y también las leyendas urbanas por eso repiten como loritos que Alan, Fujimori y Toledo son proimperialistas y que tienen acciones en Cerro Verde, el Grupo Gloria y Cemento Yura. O dicen que a sus plantones fueron mil cuando todos sabemos que fueron tres gatos.
8.- El ICA le gusta el figuretismo y no soporta el debate por eso solo lee La Primera y La República (cuando le conviene y no cuando Ángel Páez publica una investigación sobre Alexis Humala o sobre las mafias en Contrucción Civil). Va a las Radios donde solo le preguntan generalidades y responden en confianza como si le preguntaran las cinco vocales.
9.- El ICA gusta del soliloquio, no soporta que alguien le replique, por eso entre ellos (al interior de sus distintas facciones) se endilgan de elogios y se contagian de sus ignorancias para que nadie detecte su nivel cultural y desconocimiento de las cosas.
10.- El ICA todavía no rompe sus diferencias con Abimael Guzmán a quien en sus secretos anhelos lo toman como ejemplo de inteligencia superior revolucionario. Odia a Mario Vargas Llosa y no ha leído ni uno de sus libros, ama a José maría Arguedas y tampoco sabe de sus obras.
11.-El ICA es un experto en papelotes, tiene un amasijo de 20 palabras que son irrenunciables (imperialismo, leonino, capitalismo, prensa basura, Arequipa revolución, reaccionario, neoliberalismo) y que las despliega en sus discursos o cuando invitan a la población a escribir en ellos. Siempre se toman el nombre del pueblo para arroparle a su lucha una dimensión de base social fantoche.
12.- El ICA universitario quiere cambiar el mundo y el universo, por eso se agrupa y arman sus listas. No quiere cambiar la universidad ni la administración, solo busca el poder por el poder, por eso siempre levanta la misma perorata: por la modernización de la educación universitaria, por la investigación y mejores profesores; pero cuando llegan al concejo universitario de nuestra gloriosa Universidad de San Agustín no cambia nada. Desde hace más de 20 años repiten lo mismo. Piden investigación y no leen, quieren mejores docentes pero nunca sacan a toda la mafia de profesores proterrucos que solo enseñan a partir de su ideología. Nunca reclama aquella collera que está enquistada en el comedor universitario, facultades etc. y las gollerías que nadie quiere ver e investigar.
13.-El ICA luego de su experiencia universitaria (donde nunca cambio nada) busca una ONG o se acomoda en alguna municipalidad (donde tampoco nunca cambiará nada). Poco a poco va renunciando al activismo, se da cuenta que fue un androide que ni siquiera ha cultivado su cerebro. Tal vez se arrime en algún sindicato o intente inscribirse en algún movimiento independiente (como el de Guillén) para ganarse alguito. Camina cansado, se siente viejo con 30 años, reniega de la realidad (ya no de la imperialista y consumista) sino de haber perdido tanto tiempo gritando y saliendo a las plazuelas y no haber salvado siquiera una vida de verdad. Ya no quiere pelear en las calles, reconoce que siempre le dio miedo el fusil, reconoce la barbarie del comunismo. Se mira en el espejo,las huellas de los años en su rostro lo conminan a resignarse. Se ha quedado sumergido en el tiempo.

lunes, 24 de octubre de 2011

EN EL NOMBRE DEL PADRE




Carlos Rivera
El jueves 20 de octubre la Fiscal María del Rosario Lozada declaró en una conferencia de prensa que el día domingo 16 del presente mes, en una accidentada quebrada del Valle del Colca se había divisado un cuerpo. Los detalles del hallazgo se conocerían días después.
Los rescatistas de la empresa Soluciones Verticales y los Topos de Mexico observaron un cuerpo a 600 metros de profundidad en la denominada zona de las mochilas del nevado Bomboya. La noticia remeció a todo el país Habían encontrado al joven Ciro Castillo Rojo desaparecido por más de 200 días.
El padre del muchacho, Dr. Ciro Castillo imploró desde la impotencia, quizás su última plegaria: al Señor de los Milagros, suplicándo le devuelva a su hijo. La madre oraba, también, al Cristo Morado a fin de encontrar el cuerpo de su vástago para llevarle flores y llorarle respectivamente. Los Topos Mexicanos también ya estaban exhaustos, la Fiscalía a cargo de las diligencias ya habían anunciado declarar cerrado el caso, al cumplirse el plazo establecido por ley. Ya era imposible saber qué le había pasado. Hasta se habían agotado las múltiples hipótesis: asesinato, secuestro, fuga. Ya la noticia era una telenovela mediática jamás vista en la historia de nuestro país. Los medios explotaron las sensibilidades de la manera más descarada, aprovechándose de la desesperación propia de la familia Castillo por saber de su hijo, y de Rosario Ponce por defenderse de las acusaciones. Moneda común las broncas y denuncias mutuas llena de intrascendentes chácharas frente a los micrófonos. ¿Por qué no llora Rosario? ¿Por qué no participó en la búsqueda de su enamorado en el Colca? ¿Por qué se ríe? Y demás parloteos y subjetividades que la prensa sandunguera recogía como carnecita en afanes meramente de alimentar el guión de la novela.
El milagro se hizo realidad y solo las diligencias judiciales y las pruebas científicas determinaran los pormenores que demuestren las circunstancias en las que Ciro falleciera.
Si algo llama mi atención de este hecho, es la inquebrantable fe del Dr. Ciro Castillo que sacrificó su propia vida, no escatimó recursos. Mostró una fortaleza admirable para no doblegarse como padre de una familia que compartían las tristezas del hermano ausente y del hijo que hubieran deseado sea prodigo. Se entregó con toda su alma en su búsqueda, pocas veces se le vio destrozado frente a las cámaras, a pesar del tormento y la angustia que vivía en su interior y las lágrimas que de seguro derramaba en la soledad de su casa (como comentaba su esposa a un medio de comunicación). La familia de Ciro Castillo tendrá un lugar donde llorar y dejarle algunas flores que traten de aliviar, poco a poco, la pesadilla vivida tras su desaparición.

viernes, 21 de octubre de 2011

CRIATURAS CELESTIALES




Carlos Rivera
Las dos mujeres que conocí compartían el mismo amor hacia un pobre diablo, al que llamaban El pastor. Cuando ellas platicaban y era inebitable hablar, se dictaban mutuamente maravillosos deseos de felicidad mediante diatribas comunes que la hipocresía social establece. Cada una luchaba por ser la elegida del amor de este infeliz, deseando en sus laberintos interiores que alguna fuerza extraña aniquile a la otra.
Pero el amor y la locura hicieron que estas mujeres coincidieran hasta en lo más mínimo de lo que este hombre les inspiraba: Entrega total como sirvientas, imperfectas por no poder estar a la altura de su hombre tan “pleno” y “perfecto”, sentido de miserabilidad por sus vidas, un olímpico sentimiento de soledad. Además, una culturita pobrísima.
La similitudes de esas vidas impacta a quien sea: hijas únicas, traumas sicológicos en sus infancias, padres que nunca estuvieron a la altura, una vida sexual llena de matices grotescos y dolorosos. Entonces, no buscaban un hombre, si no un padre-macho.
Que los sentimientos de ambas concuerden puede deberse un poco al infortunio, que los sentimientos de ellas hacia El pastor se parezcan puede comprenderse desde un plano razonable por la sobrevaloración hacia él (y autodesprecio de ellas). Pero que también se expresen con los mismos términos como si sus mentes pertenecieran a un mismo cerebro. Eso, ya es inaudito.
Cabalgan juntas en el transito hacia su padre-macho, lo ven inalcanzable, lo adoran con devoción y nunca podrían ¡jamás¡ ver la orfandad de amor que tiene para ellas. Solo les provee de unas palabritas (El pastor domina veinte palabras) una poca de atención, un tanto de sexo. Ellas, en su búsqueda paradisiaca enarbolan el mismo ritual y se entregan cuando quieren, a escondidas de la otra con el único fin de ser la hembra elegida. El pastor agradece al cielo por el rebaño y sonríe mientras cada una, desde sus lechos, rezan al mismo Dios para que le de salud, fuerza y fe para que el pobre diablo continúe con la causa.

martes, 18 de octubre de 2011

MAÑANA PRESENTACION DEL LIBRO EN LA UCSM-11:30 AM


Como un aporte a la historia y la cultura será presentado el libro Los peruanos, la historia de la exclusión social en el Perú de Constante Traverso Flores, el miércoles 19 de octubre, a las 11:30 am. en el auditorio Miguel Grau de la Universidad Católica de Santa Maria. El ingreso es libre.

Este es un trabajo periodístico y de análisis, en el cual el autor plasma, en más de 600 páginas, lo sucedido en nuestro territorio desde la llegada de los españoles hasta nuestros días. Critica los abusos de la Nación dominante que se ha mantenido en el poder desde hace más de 500 años, los atropellos cometidos en la encomienda, el feudalismo imperante hasta bien entrada la República, las indecisiones de la élite dominante peruana para independizarse de España y fundar un Estado independiente, así como las permanentes indecisiones por implantar en el país el liberalismo.

En el libro también se recogen documentos históricos encontrados en esta investigación que permite al autor hacer un análisis profundo de lo vivido por los antiguos peruanos. Refuerza el espíritu creativo de los pueblos quechuas, aymaras, así como de las distintas etnias que habitan en el país, y defiende sus derechos a ser incluidos en el periodo de crecimiento económico que hoy vive nuestro país. Para el autor, este crecimiento y progreso del Perú “será ficticio mientras no constituya la obra y no signifique el bienestar de la masa ciudadana, que en su mayoría vive excluida del sistema”.

Esta publicación busca contribuir a terminar con la exclusión social y la construcción de una nación integrada, donde el desarrollo y el crecimiento económico beneficie a todos los peruanos.

domingo, 16 de octubre de 2011

HISTORIA DE UN GOL


"Danzó y salió como un proyectil enloquecido. Con el balón, el cuerpo y la velocidad dio gato por liebre a cinco súbditos del imperio británico. Diez segundos, diez toques: un héroe con el número 10" (Jorge Valdano)

Carlos Rivera

Mundial de Futbol de México 1986,22 de junio. Era la hora del almuerzo y mi madre servía la sopa caliente. Mientras cada cucharada se diluía en mí boca, yo veía en la pantalla con atención, al igual que mi padre, el partido que disputaba Argentina contra Inglaterra por los cuartos de final. Mi padre, eximio y talentoso volante amateur, pero venido a chofer por la penurias que le ocasionaban la manutención de cinco hijos (hoy tiene 7) era un seguidor fanático del Rey Pelé: él, que lo vio gambetear de cerca en el estadio Cuarto Centenario de Arequipa, allá por los años setenta en los que el FBC Melgar se codeó con las estrellas del fútbol Mundial que trajo el Santos.

A mis diez años, entonces lo que sabía de fútbol se lo debía a mi padre y a las semblanzas que me contaba de aquellos astros que él consideraba verdaderos genios del balompié: Bekenbauer, Sotil, Cubillas, Di Stéfano, Puskas, etc. Muy superiores a ese petizo llamado Maradona que pretendía el trono del Rey Pelé ¡Tamaña pretensión Dios mío!
Avanzaban los minutos y a pesar del dominio de la albiceleste sobre los ingleses, duros y tácticos como su prosa, los hijos del imperio británico aún no se comían por completo la idea de que esos argentinos, a los que humillaron y derrotaron en la guerra de la Malvinas de 1982, los pasen por encima.


Mi padre, guiado por ese espíritu de identificación coyuntural sudamericana me obligó a alentar a Argentina, pero yo, con diez años recién cumpliditos, aun no entendía de geopolítica. Transcurrían los minutos y Maradona lograba pequeñas escaramuzas, sutiles pasos y lindas paredes con Valdano. Sonreía como un chúcaro niño que se entretiene con sus travesuras. Yo no quería alentar a los argentinos, me habían hecho llorar un año antes en las eliminatorias de 1985 cuando nuestra selección nacional de Cueto, Barbadillo Uribe, La Rosa y la impecable marcación de Reyna sobre el Diego (a pesar de las escapadas del diez argentino no pudieron ganarnos ni en Lima ni en Buenos Aires). Pero el narigón Bilardo mandó en el partido final jugado el 30 de junio de ese año al cachascanista de Camino a que redujera con una patada criminal a nuestro eficaz delantero Franco Navarro, verdadero demonio del área. Solo así consiguieron empatarnos, con ese resultado clasificaron al mundial de México.

El estadio Azteca retumbó a los seis minutos del segundo tiempo. ¡Gol de Maradona! Sí, pero con la mano. Mi padre se puso de pie y sintió vergüenza ajena de que se marque un gol de esta manera. Siempre he detestado a los argentinos, por su petulancia, cortados por la misma tijerita de la banalidad y ese orgullo rimbombante. Pero Maradona empezó a romper con ese prejuicio cuando miré que sus pies acariciaban el balón con estilo divino: sus jugadas parecían misiles teledirigidos cuando shoteaba, suspiros de amor cuando tocaba. Aquella sinfonía se inmortalizaría minutos después del gol marcado con la mano.


Mi sopa ya estaba algo fría, seguía concentrado en el partido. De pronto lo inaudito, lo inverosímil: van 55 minutos y Maradona recibe un pase corto en media cancha de Héctor Enrique y avanza centellante sobre el campo, como un cometa en el universo y se deshace de Sansom, Beardsley, Reid, Butcher y Fenwick, enfrenta al arquero Peter Shilton, lo elude sobre el palo derecho y define ¡Gol! El gol perfecto, la máxima creación artística en un gramado de juego. Diego se pone de pie y corre hacia la tribuna saltando de felicidad. El mundo es suyo. Los millones de ojos que lo ven por televisión aún no despiertan del espasmo, las 11500 almas del estadio Azteca creyeron que llegó el juicio final y fueron bendecidos por Dios con tamaña gloria: ver el gol más grandioso de todos los tiempos.


Me quedé mudo, paralizado por lo que había visto ¿Qué clase de hombre era Diego?
Mi padre aquel día se olvidó de Pelé. Argentina ganó el partido 2-1 y se cobró la revancha de las Malvinas, deportivamente. Salí al patio, tomé una vieja pelota y quise ser como Maradona.
Cuando quiero recordar aquel momento, que, lo juro, me hace llorar, busco el video celosamente guardado, aprieto play y deliro con la voz del legendario periodista uruguayo Víctor Hugo Morales relatando el gol del barrilete cósmico con la emoción propia de haber sido testigo de una proeza, de una maravillosa obra de arte.
Diego, porque tan solo eres un hombre, pero debiste ser Dios. Ni Havelange pudo matarte.

Enero, 2001