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jueves 9 de febrero de 2012

TALLER DE ESCRITURA CREATIVA


TALLER DE ESCRITURA CREATIVA

“LA TEXTURA DE LOS TEXTOS”

Creación Literaria y Crónica Periodística

Expositores:

Orlando Mazeyra Guillén (Escritor) autor de La prosperidad reclusa

Ficción (creación literaria)

Jorge Turpo Rivas (Periodista) director de la revista de crónicas PLUMDGANSO

No ficción (creación periodística).

Día: miércoles 15 de febrero

Hora: 5:00 p.m.

Duración: 4 semanas

Lugar: Centro Cultural Peruano Norteamericano.

Inscripciones sin costo alguno. Se otorgarán certificados a los participantes.

Informes: Oficina de la Biblioteca del Centro Cultural Peruano Norteamericano o al siguiente correo electrónico: ciudadanocarlosrivera@hotmail.com.

Carlos Rivera

Director de la Asociación Cultural La casa de cartón

martes 7 de febrero de 2012

¿EXLUIDOS DE QUÉ? ¿INCLUIDOS A QUÉ?

Carlos Rivera

Hace un tiempo, conversando con un amigo (abogado, para variar) sobre los pobres, aseveré que en el Perú las acciones (estrategias, programas y planes) orientadas a la disminución de la pobreza parecían obedecer a una política de estado en afán no de solucionar el problema si no de afianzarlo. Mi tesis -coyuntural al fin y al cabo- partía de un elemento de observancia de las políticas de los distintos gobiernos: Belaunde (1980-1985), García (1985-1990), Fujimori (1990-2000) poco hicieron por su disminución radical. Los pobres, a su vez que eran un escollo significaban un negocio, la rentabilidad para sus menjunjes populistas.
Traigo a colación ese recuerdo motivado por la lectura de un artículo de Alberto Vergara escrito para la revista domingo del diario La República (5/2/2012) acerca del libro publicado por Paulo Drinot The allure of labor.Workers,Race an the Making of the Peruvian State, Duke University Pres,2011. (La traducción de Vergara es La seducción obrera)
Alberto Vergara intenta una síntesis y un derrotero interpretativo de libro, y para ello reseña los años de análisis observados por Drinot: década del veinte y treinta, es decir los gobiernos de Leguía y Odria. Entonces nos muestra aquel panorama de lucha entre la clase obrera y el gobierno en un intento de alcanzar un estado de bienestar. Pero, detrás de esos “mecanismo institucionales emergentes” se produjo una exclusión de las masas, o sea un desdén hacia el sector indígena.
Pero esto no se produjo por descuido o a falta de una política efectiva (recordemos la lucha obrera, los primeros años industriales, la lucha ideológica tanto del Mariátegui como de Haya de La Torre reivindicando al obrero) sino a través de una exclusión cultural: racista, elitista. Vergara nos dice que para llegar a este punto el autor se mueve en dos planos mentales:


1.- El universo mental racializado y elitista (el papel de la fabrica debería obedecer a des-indianizar a la población)
2.- La mentalidad de las políticas públicas destinadas al mundo obrero (programas del Estado como comedores populares,seguro, social barrios obreros entre otras cosas)
Y esto dio pie a la concepción racializadas de nuestras elites peruanas.


Vergara tratando de continuar el desarrollo del libro y a la vez polemizar, se pregunta ¿El Estado peruano ha tenido como objetivo principal estas intenciones segregacionistas? La respuesta es inquietante (…) si el racismo es una marca fundamental de la vida social en el Perú debemos aceptar la posibilidad de que el racismo emponzoñe también el mundo de la política y sus intenciones.
Entonces, pareciera que el racismo no solo obedecía -o parece obedecer- a acciones aisladas o cuestiones del prejuicio desequilibrado de algún sector, sino que hay un constructo consolidado y cimentado desde comienzos del siglo XX - ¡y desde el poder institucional!- con un fundamento de inutilidad hacia nuestros indígenas –según ellos-distantes a una visión industrial( moderna y efectiva) que nos consolide como un Estado de bienestar donde solo los obreros calzaban en esta visión "progresista" y, la cual parece,se vive, aun en estos tiempos.

Los indígenas nunca estuvieron invitados a la fiesta. Ojala llegue el libro de Drinot para poder leerlo y escudriñarlo con mas calma. Pero, antes una pregunta: ¿Todas nuestras élites fueron racistas y excluyentes?

sábado 4 de febrero de 2012

HOMBRE



Carlos Rivera


No soy el macho acosando con cursilerías, pleno de vulgaridades y puerilidades intentando conquistar a una mujer. Camino entre libros y más libros. Soy clásico en mi literatura, cosmopolita en mis excentricidades y moderado en la política, pero radical en el buen gusto. No quiero cambiar el mundo a patadas como tanto cavernario comunista, tampoco quiero llenarme de fortunas como muchos neoliberales e irrogarles a los pobres diablos lo poco que tienen. Prefiero la comparsa de un individuo a la cháchara de gentuza frívola y ramplona. No soporto los grupos ni las malas películas. Detesto perder el tiempo leyendo bagatelas o periodismo intrascendente. Detesto los diminutivos pero los disfruto cuando me los dice alguien que adoro. Desteto a los machos alfa, me repelen los que platican con generalidades, los cultos de medio pelo, la gente que interrumpen mientras el otro habla; detesto todo Roxet, odio a los prejuiciosos que niegan el talento por la desenfrenada vida privada del juzgado. Odio a los escritores malditos de kínder que se alucinan perversos por que se van de putas en grupo, patean a la abuelita, conchatumadrean a cualquiera y, al final, su obras son tan malditas como el cuento de Caperucita.
Así me presento a ti, sin mascaras ni cobardías. Ahora tienes mi vida.

jueves 2 de febrero de 2012

SHAKESPEARE: ENTRE LA IMPOSTURA Y LA ORIGINALIDAD




Carlos Rivera


Roland Emerich es un de los directores de cine europeos más famosos de estos ultimo años. Fama que le debe por asustar y devastar a su antojo a la humanidad en cada uno de sus films (El día después de mañana, Día de la independencia, Godzilla, 2012).
No contento con ofrecernos la visualización de nuestra destrucción por la madre naturaleza o por alienígenas y monstruos. Ahora, se ha propuesto derrumbar un mito: arrebatarle la creación de las obras atribuidas al cisne de Avon, William Shakespeare y reconocer la autoría de las mismas a Edward de Vere, Conde de Oxford.
La tesis no es nueva. Desde hace más de un siglo se ha intentado negar la autoría a William Shakespeare por consideraciones de carácter excluyente y de la necesaria posición de abolengo, dinero, cultura, conocimiento que debiera gozar un autor de dichas obras, que no solo revelan el alma humana,ademas de descripciones exactas de las tragedias y conspiraciones de la realeza. Y, un pobre diablo, actor de medio pelo, y sin mucha fortuna era imposible como autor de tan magnánimos trabajos de la dramaturgia.
Roland Emerich en este film, Anonymous, ofrece un Shakespeare torpe, vulgar, demasiado ordinario y hasta analfabeto. Trabaja como actor bajo las órdenes de Ben Johnson. Este, un día, es tomado prisionero por agraviar a las “autoridades” en una de las escenas de un montaje suyo. El Conde de Oxford paga su fianza y a cambio de ese favor le pide a Johnson representar sus obras y colocar en cada una de ellas su nombre, lo cual asume con extrañeza, aceptando solo por librarlo de la cárcel.


En la primera presentación, la gente clama y aplaude. El Conde asiste y se alegra de ser testigo del elogio y la algarabía. De pronto, aparece alguien y rompe el pacto; sale al escenario y dice ser el autor de la obra: William Shakespeare. Deja estupefacto al Conde y a Johnson. Al final, aceptan y continúan representando las obras bajo autoría de Shakeaspeare.
Trazando este breve horizonte de la película que pretende desmontar una supuesta farsa afianzándose en las múltiples teorías que se han tejido alrededor de este asunto: la acusasacion de que Shakespeare es un impostor.

También se especula de que las obras pudieron haberlas creado la logia masónica. Otra, que fue hecha a alimón por varios dramaturgos, filósofos y poetas ingleses.


En la década del 60 este debate se reabrió y se ensayaron distintas hipótesis. Emilio Armaza, periodista peruano, cultísimo, conocedor de la obra shakesperiana a plenitud y articulista de fina prosa, responde en 1963 con una obra titulada Shakeaspeare, el único donde desmonta con sutileza, argumentos históricos, estudios biográficos y análisis comparado de las obras de Shakespeare y la de sus contemporaneos. En conclusión, niega la posibilidad de la autoría de Christopher Marlowe, Ben Johnson, Sir Frances Bacon y también, del Conde de Oxford.
En síntesis: un burgués jamás pudo develar el amor y ponerlo en una tarima y provocar lágrimas y emoción con cada una de las palabras. Jamás un burgués pudo saber y escudriñar la historia y extraer de ellas el drama. Jamás un burgués podría amar la belleza y la estética de la poesía, acariciar los silencios y volverlos fuego, mirar el sol y robarle sus rayos de luz. La belleza no es patrimonio de la burguesía. ¡Pamplinas!
Feble planteamiento de Emerich, pretendiendo socavar la memoria de este gran poeta y dramaturgo Ingles que tuvo el pecado de nacer pobre y educarse con los crepúsculos y escribir con toda la pasión humana que el alguien vertió sobre él. William Shakespeare es más grande que todas las patrañas.

viernes 27 de enero de 2012

LA INSOPORTABLE GENIALIDAD DE SHELDON COOPER



Carlos Rivera


Mi primer héroe de ficciones científicas, fue el profesor Challenger, personaje creado por el escritor Ingles Arthur Conan Doyle. Me maravillaban sus razonamientos con una increíble sofisticación y pasión por el descubrimiento de las cosas. Luego, ya en los 80, en Volver al futuro, aparecía el profesor, Emmett L. Brown(Christopher Lloyd), un científico locuaz con un look eisteniano y amigo de Marty McFly (J. Michael Fox), típico joven norteamericano ochentero a quien envía en un auto De Lorean por fantásticos viajes en el tiempo


Sheldon Cooper consolida mi trilogía personal. De esto escribiré en las respectivas líneas.


A la gente normal y ordinaria le es difícil comprender las excentricidades de los genios. Algunos viven enclaustrados en sus laboratorios o experimentos y, otros sumergidos en sus teorías o cálculos sobre alguna rama de la ciencia, dedicándole su vida entera, sin las preocupaciones habituales a las que los mortales estamos acostumbrados.



Alguien con el protocolo tradicional enarbola sobre ellos, comunes frases como reclamarle humildad (entre más sabio es uno, más humilde debe ser, reza el apotegma que la cursilería ramplona repite en todas partes). A un tipo con inteligencia superior poco le interesan las comunes muestras de afecto social o reciprocidad entre pares, o sea, seres normales. Por ello son genios, sus conductas son atípicas y adolecen de interrelaciones como las vividas por todos. ¿Podemos pedirle a Hawking humildad si él está enfrascado en la interpretación de las complejidades físicas de universo? ¿ se le pudo exigir humildad a Newton mientras estudiaba la Ley de Gravitación Universal?



Si alguien se encontrara face to face con (si, ya se: es una ficción televisiva ) Sheldon Cooper (Jim Parsons) personaje de la genial comedia norteamericana The Big Ban Theory seria apabullado y reducido a una mínima partícula por la personalidad y sus razonamientos estrictamente físicos y sujetos a un esquema matemático. Fríos y ajenos al sentimentalismo sobre cualquier trivialidad que para muchos son importantes como las relaciones, el apareamiento sexual, los vicios sociales y la búsqueda de afecto. Ni siquiera sus amigos, dos de ellos doctorados en física (Leonard y Rajesh) uno Ingeniero por el MIT(Howard)son capaces de irrogarle complacencias y atenciones especiales, a pesar de compartir una especie de hermandad de nerds.


Sheldon sufre de síndrome de Asperger, trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad, hipocondría, alergia a las abejas y asma. Es extremadamente cuidadoso con su higiene, puede desde sus elucubraciones obsesivas (y eso si, nada científicas) decretar un estado de alerta en los ambientes de sus vivienda y tomar las más curiosas medidas.


Sheldon tiene un Coeficiente Intelectual (CI) de 180, terminó la universidad a los 10 años, además de una maestría y dos doctorados. Físico Teórico en el California Institute of Technology. Obtuvo su primer doctorado a los 15 años.


Amy Farrah Fowler es una de las dos mujeres que podría ser su media naranja, neurobióloga, de pocas relaciones de pareja. La primera vez que salió con Sheldon, quien estuvo acompañada por Penny, este pregunta a Amy por sus experiencias sexuales en medio de la mesa de un restaurante, ella repregunta si podía contarse las estimulaciones cerebrales producto de un experimento, Sheldon asintió, ¡entonces son 127¡ dijo dejando perpleja a la novia de Leonard.


Sheldon tiene cada segundo de su vida milimétricamente establecido. Su fisiología, su alimentación. Ninguno de sus actos escapa a un desorden, descree de la Ingeniería,( asume que esta es la hija menor de la física y por eso menosprecia a Howard).Nunca ha sentido aprecio por el trabajo de Leonard con quien vive y soporta las clausulas de un contrato de convivencia riguroso y excéntrico.


Se le ha visto cómodamente muy pocas veces en sus interelaciones personales. Una de ellas es con la mamá de Leonard,Beverly Hofstader, psiquiatra y neurocientífica insensible y pretenciosa a quien le explica que como entre ambos puede unirlos un sujeto tan ordinario como su hijo.


Su genialidad no es óbice para comportarse como un niño, ama las historietas, cree en la liga de la justicia, viste polos con las figuras de sus héroes favoritos, adora los videojuegos avanzados. Cuando se enferma le gustan que le canten mientras le frotan su pecho circularmente. En esa inexperiencia de rituales cotidianos donde hace uso de su lenguaje de argumentos, es triturado cuando alguien le habla en sarcasmo y entra en un profundo estado de mutis y toda su inteligencia no le sirve para interpretar el doble sentido.



Sheldon es un tipo insoportable, pero totalmente inofensivo, más allá de su ego e inteligencia provoca sonrisas a plenitud por sus ocurrencias.


domingo 22 de enero de 2012

DESDE EL INFIERNO


Carlos Rivera



“La prisión es omnidiciplinaria. Allí el hombre tiene que trabajar, comer, dormir, educarse, estudiar, asearse, divertirse, amar, vivir íntegramente. Es continua, incesante, permanente, ininterrumpida, persistente, asidua, inacabable, inagotable, agobiante, exhaustiva, exprime, succiona, destripa sin prorrogas ni aplazamientos de ninguna naturaleza”.
Michael Focault



LOS SELLOS
Estoy en el penal de Socabaya, a unos metros de atravesar la primera puerta de control. Aún no entro y ya siento miedo. Quiero simular tranquilidad con mis gestos mecánicos de sonrisa, pero mi nerviosismo revela mi primera vez en el recinto. Me observan dos muchachos quienes hacen fila para visitar a los suyos. Solo llevo un taper de chicharrón entre mis manos. Paso. Formo la cola. A mis espaldas veo que detienen a un chico por tener zapatillas, y a un señor por llevar gaseosas de tres litros (la norma dice que no puedes entrar bebidas o líquidos por más de medio litro); no puedes ingresar con zapatos o zapatillas con hileras, o con ropa deportiva, ni tampoco celular o ir vestido conpletamente de negro. En esta otra cola piden mi DNI, el nombre del visitado. Tienes que hablar fuerte, gritar el delito del susodicho sin ninguna sutileza.

Esto transcurre en el patio frente a unos carros viejos y dos agentes sentados en una vieja mesa de madera. Te sellan la mano y puedes -recién- pasar a otra puerta e internarte y contemplar la infraestructura del penal. Alguna voz nos conmina a entrar de cinco en cinco; es una achoradita voz de una agente del INPE quien nos llama exigiendo otra vez el DNI, otro sello. ¡Maldita sea! Escriben con lapicero en tu brazo, te conducen a otro lugar. Crees que son los baños y, en realidad lo son, pero están ambientados (así suena un tanto utilitario el asunto) como lugar de escrutinio. Hay un agente, gesticula con sus brazos para que veas como debes disponerte para la exhaustiva revisión. Clava sus ojos en el taper con chicharrón. Ordena que lo abra, lo mira con sus ojos saltones; voltea las presas, las papas; remueve la ensalada. Pasa, me dice. Dios mío, hablaba. Pero, un momento ¿a dónde? ¿Cómo me guío en ese laberinto desconocido? Ahí ya te llevan, me dice señalándome a otro agente sentado en una pequeña mesa de fierro con un cuaderno y lapicero entres manos. Me ordena estirar el brazo derecho y me pinta un número con plumón grueso y también me sella. ¿Ahora?


EL LABERINTO
Me siento solo, desprotegido, hay una puerta de alambres trenzados separando el infierno de la zona de los agentes. Detrás de ellos hay varios presidiarios mirándome como presa inocente para sus embauques. En mi ingenuidad creo que el agente me conducirá hacia el pabellón indicado, pero no es así. Él, está sentado en una silla sin la más mínima preocupación por mis miedos. Pongo cara de incertidumbre, el agente no se inmuta y me dice que ellos – los voluntarios- me llevaran. Me abre la puerta y un muchacho de unos veinte años se ofrece para hacerme el tour. Miro hacia atrás y me embarga el desasosiego, quiero salir cuanto antes, quiero irme, quiero largarme de esa antesala de caras aputamadradas de los presidiarios ofreciéndome caramelos, agujas o alguna propina y todos con su “causa” para el mercadeo de sus productos. Algunos no tienen dientes, visten poleras grandes deportivas, gigantes para sus maltrechos cuerpos. El pasadizo parece infinito. Soy cautivo del miedo, la billetera instalada en mi bolsillo izquierdo se muestra tentadora; el muchacho aleja a los circunstanciales mercaderes. Me cuida, va conduciéndome. Porta un chaleco azul de entrenamiento. El chico no pasa de 20 años, tiene el rostro maltratado, muestra esa flacura propia de la miseria y la delincuencia.

Subimos unas escaleras, mi guía habla algo difícil de descifrar. Veo las paredes sucias, tipos paseando de un lado hacia otro; imagino a José María Arguedas y su novela El Sexto. Pero, acá todos son jóvenes, oscilan entre 18 o 25 años promedio, muchos todavía están sin sentencia pudriéndose en este infierno. Para qué sirve este sistema si de antemano el recluido -inocente o culpable- ya tiene la condena hacia una vida de podredumbre donde casi -siempre- les será imposible rehacer sus vidas o corregirse de sus delitos. No veo seres humanos, solo miro espectros, cuerpos tasajeados, pidiendo permiso a las sombras que se forman en las repugnantes paredes del recinto. No es que la vida en Socabaya no valga nada, es que sencillamente allí no existe algo que se le parezca

Mi guía grita el nombre y apellido de mi amigo, siento confianza cuando canturrea, pero nadie contesta. Es en el otro pabellón, dice. Lo sigo y asiento con la cabeza, sigue gritando, entramos a un salón o patio sin techos. La arquitectura presidiaría es digna de un estudio para su influencia en la conducta de los reclusos. Veo un cuarto grande con dos filas de un seudo pabellón. La división de cada “cuarto” de los hacinados está hecha por frazadas, en cada fila hay como 12 “celdas” cubiertas por las frazadas simulando ser paredes. Emerge mi amigo como si saliera de una carpa de camping y lo abrazo. El guía me pide una propina y gustoso se la doy. Entro a su “celda” compartida con un muchacho que en esos momentos está en el patio. El lugar es oscuro, frió, maldito y extremadamente pequeño. Oigo sentado desde la cama como transitan los demás reclusos. Aun siento turbación y trato de hablar fluidamente. Veo su comida a la cual le dicen “mejoramiento de rancho”: un puré mal batido, con una presa de carne, no colocada, sino arrojada como si el comensal fuera un perro de la calle alimentado solo por compromiso.

En el desayuno toman un mate con unos panes desabridos. El bendito mate contiene unas pastillas bautizada por los internos como “matapincho” para contener los impulsos sexuales. Le doy el chicharrón y lo recibe feliz, lo guarda en su mesa pero yo quiero verlo comer, a lo cual responde negativamente. Es la ley de la cárcel: compartir las meriendas y los obsequios tras la despedida de las visitas. Me cuenta que un día antes acuchillaron a un muchacho por ser un tanto huraño con la gente. Siento pena por mi amigo y de ese infierno que vive ahora. Está sin sentencia como muchos en este penal. El penal de Socabaya sufre de un exceso de reclusos, estuvo construido solo para albergar a 500, pero en la actualidad supera los mil.

LOS HOMBRES TAMBIEN LLORAN
Son las 4:30 p.m. Debo irme del lugar. Mi amigo va señalándome los pabellones, saludando a otros reclusos por cortesía cancelaría. Pregunto como va su proceso. Reza e invoca a Dios para poder salir. Veo muchos jóvenes a cada rato; en un rincón hay dos reclusos acuclillados leyendo la Biblia, me conduce por un patio donde unos presidiarios travestidos juegan un entretenido partido de vóley. Es la zona rosa. Contemplo también algunas celdas, voy avanzando y le ofrezco a mi amigo revistas, libros para traerle en mi próxima visita. No me pide nada. Bajamos unas gradas y advierto en sus ojos un cristalino afluente de lagrimas , siento pena, quiere llorar pero alguien pasa y lo saluda con la cabeza, entonces busca un rincón más oscuro para refugio de su tristeza. Se pierde en las fuerzas del abrazo que le doy con toda mi alma. Llora como un niño. “Quiero salir, quiero acabar con esta pesadilla” susurra desesperadamente. Adentro no puede llorar: lo sindican como maricón y lo golpean. Tampoco puede estar con la sonrisa cachacienta a flor de labios, igual le meten bronca. Sigue llorando, prometo visitarlo la semana entrante. Contengo las lágrimas. Me lleva hasta la puerta, lo abrazo otra vez. Veo la luz, la libertad del cielo. Luego de unos kilómetros lejos del penal me embarga, la rabia, el coraje. Hay una liquido amargo en mi estomago, mi boca esta seca, solo quiero gritar. Quiero maldecir al infierno por existir.

Publicado el 11 de abril del 2008 en el Semanario Vistaprevia

lunes 16 de enero de 2012

LA DERECHA BRUTA Y ACHORADA VS LA IZQUIERDA CAVERNARIA



Carlos Rivera


La descripción bien realizada por Augusto Álvarez Rodrich sobre la Derecha Bruta y Achorada(DBA) y sus componendas, intereses haría suponer una izquierda solida e inteligente y moderna en sus más importantes expresiones. Pero, no. Si hay una derecha estilo chaveta y cuasignorante también esta tiene su contraparte, en la otra orilla, en una Izquierda Cavernaria (IC).
Los dos extremismos comparten bajezas, lenguaje simiesco, visión autoritaria y sobre todo ambas se creen la última Coca Cola del desierto.
Ser de derecha no es un delito, tampoco ser izquierdista, cada uno tendrá sus postulados ideológicos y los fundamentos que le otorguen sustento a su accionar. Lo parasitario es que ni la DBA y la IC buscan el bien común, no buscan el bienestar del país ambas piensan que solo ellos son el Perú.
Si la DBA adora a Pinochet por tratar exterminar a los mapuches chilenos y mató a los comunistas porque entorpecían el camino hacia el progreso, entonces la IC festeja y justifica las muertes por parte de Abimael Guzmán.
La DBA dice que el estado debe ser fuerte, pequeño y nada interventor, expresa detestar la burocracia, pero lo primero que hacen es pasar el tarjetazo para que sus familiares o recomendados se refugien en las direcciones o gerencias de importancia del MEF. La IC se mete al SUTEP , busca la gloria( el sueldo sindicalista que le permite cobrar por farfullar a nombre de la defensa de los maestros), adora el sector público y cuando llega ahí lo primero que hace es olvidarse de sus discursos proletarios y de entrega a los intereses del pueblo.
La DBA quiere como Martha Hildebrandt una bomba cholonica para matar a todos los indios que no entienden el desarrollo. La IC reduce todo debate político a las patadas, a los gritos ensordecedores, la bravata matonezca cuando no quieren ir a su protesta.
Si la DBA no lee, la IC tampoco, ambas repiten generalidades. La primera se lee de corrido los libros de David Fischman, adora las editoriales de El Comercio, colecciona los escritos de Aldo Mariátegui, santifica las cifras del INEI. La IC sigue con los libros de Mao, Lenin, rememora discurso de hace siglos. No lee los diarios capitalinos por que a todos acusa de ignorantes e insensibles al pueblo. Se ha aprendido todos los insultos con "ismos".
La DBA no votó por Fujimori en 1990, pero se volvió fujimorista y lo gozó e hizo negocios con él en sus dos periodos. Mutó en apoyó a Boloña, se acurrucó en Castañeda Lossio, halagó hasta el infinito a PPK y volvió a sus esencia apoyando a Keiko en las últimas elecciones del 2011. Pronosticó el apocalipsis durante un posible gobierno Ollantista (ni Orson Wells en sus mejores tiempos), ahora lo acicalan y hablan de la gran estabilidad peruana.
Si la DBA quiere que todo sea suyo y le importa el resto, la IC solo quiere incendiarlo. Estos dos extremismos le hacen tanto daño al Perú.

Entre Antauro Humala y Aldo Mariátegui lo único que los distancia es el apellido, los hermana la estupidez y el mutuo deseo de aniquilarse antes que debatir con altura y ecuanimidad.