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domingo, 13 de mayo de 2012

EL OCASO DE UN GIGANTE O LA PRETENCIOSA NOVELA ESTILÍSTICA DE ARTURO CABALLERO MEDINA



Carlos Arturo Caballero Medina es un  gran amigo  y, además de eso un critico literario y    agudo comentarista de temas  que abarcan desde la  cultura, cine y política.  Entonces ¿Cómo lidiar con el cariño y tratar de esbozar  una crítica –por así decirlo-  imparcial-   tratando de compartir con el público algunos   pormenores del constructo de esta prometedora novela sin caer en las maromas del sentimiento amical? Tarea harto difícil pero que abordaremos con el explícito compromiso de ser   fieles al buen juicio.
Caballero nos ha compartido cuatro entregas de esta  su primera (necesario recalcar que ha incursionado en el cuento y la poesía con buen pie. La creación, parafraseando a Terencio, no le es  indiferente) novela a través del blog www.ocasodeungigante.blogspot.com Nos limitaremos a estas  entregas ( 1.- Con olor a espiritu joven I Y II 2.- Lima  en Rock I y  II )  para esbozar un acercamiento  a la superficie y esencia  de su escritura. Trabajo que es solo un primer paso hacia un texto mas riguroso ya con  la novela  concluida y  las emociones provocadas en el publico que la leyó.
La poderosa imagen del comienzo, la descripción armoniosa  del personaje, los    adjetivos  acompasando cada oración  conmueven e impactan por su contundencia. La descripción desde ya marca el preámbulo cautivante  de la historia a desarrollarse. Hacer un buen comienzo en una novela es  importante: prefigura su esencia y adelanta un poco el  estilo y su performance narrativa. Plinio Apuleyo y Mendoza le plantea a  García Márquez en El olor de la guayaba la siguiente pegunta: ¿Cuál es en tu caso, el punto de partida de un libro?  “La imagen”, responde el gran Gabo.  Esa imagen es el inicio que logra Caballero en este párrafo. Leamos   y comprobemos:
“ERA ALTO, ELEGANTE, discreto y cordial. Llevaba siempre una barba cuidadosamente afeitada que delineaba de su rostro hacia la existencia de sus maravillosos ojos pardos. Vestía oscuros terno de casimir ingles  y en la muñeca lucia un imponente  reloj Olma adornado con finos detalles de oro en los biseles. Un andar ceremonioso, una mirada esquiva y la sólida cadencia de una seductora voz le imprimían un aire distante y solemne a esa personalidad labrada a pulso de sus primeros años de vida.”

De este comienzo  podemos  dilucidar los ecos de Mario Vargas Llosa, García Márquez, Flaubert y los grandes novelistas del siglo XX. Caballero no pretende una novela ligera, propia a estos  tiempos de cortedad y sucintes. Ello se  deduce por la pretensión de  la estructura que plantea (desde la concepción de la historia y el desarrollo del lenguaje) nos  remite a  la necesaria reflexión  de reconocer la usencia de estilistas en la narrativa peruana. Parafraseando -otra vez- al poeta Vallejo podremos decir, son pocos pero son. Trabajo sumamente cuidadoso, delicado  y con una laboriosa técnica  y revisión constante para desechar las minucias y las redundancias aprovechando  al máximo el potencial de la palabra. El  producto debe ser- desde luego- un festín de letras.
¿Quien es el personaje de tan solemne belleza?  Fernando Alencastre, Arequipeño de familia acomodada,  inteligencia superior, desafiante de los “hablantines  tragalibros”, “ratones de biblioteca”.  Estudiante de sociología de San Agustín, erudito, y conocedor de  varias lenguas y lector precoz.   Discípulo de  Stanley Simmons, judío  irlandés de cultura clásica, perfil de maestro de elevado espíritu,  amigo del padre  de Fernando.   La figura de Fernando  Alencastre me remite a Pierre Menard  de Jorge Luis Borges. Un símil de talento y erudición, tal vez las coordenadas pueden estar en sus  antagonismos y las sutiles diferencias que aun no sabemos en donde desembocarán.  Tal vez me estoy atreviendo con estas ligerezas.  
Los padres  de Fernando, Graciela y  Felipe Alencastre   prefiguraban para su hijo un magnifico porvenir  dada su inteligencia exhibida desde muy niño.  Lo ingresan al  colegio San José cuna de talentos y dignos hombre de nuestra ciudad. Algo más que su educación  formal deseaban para él un  maestro (de conocimientos y de vida) es así que  Simmons se convierte en la figura tutelar de Fernando, el soporte de su pensamiento.  Pensamiento guía  como  pretende el socialismo, luz  del saber como afirma  la filosofía. 

Caballero nos describe así a este singular personaje:

“Fernando fue la obra maestra de Simmons, ese hombre de tan finos modales y humor ponderado, que en absoluto gustaba exhibir su condición de judío, irlandés  europeo como carta de presentación, así como de ningún tipo de fidelidad o devoción por la corona británica.”
La obra principia con  necesarias  descripciones, va situando  a los personajes en su concepción humana: emociones,  ideales y  sus entornos.   Va avanzando sobe la naturaleza familiar, la geografía  económica y social de la Arequipa de aquellos años de esplendor y riqueza de las grandes y potentadas  familias  donde empieza a desarrollarse la historia.
Un detalle que es necesario señalar es  el dualismo, el planteamiento de efectos de contrastaste que se manifiesta en estas primeras entregas: La rivalidad de los colegios San José y La Salle, la lucha de ideas, el  conflicto en lo que siente y dice Simmons, los dos mundos de la clase acomodada arequipeña.
Los últimos momentos de estas entregas  nos ubican en  un  tiempo actual,  de la  ciudad blanca ahora estamos en la Lima posmoderna donde una voz nos habla  en presente,  esa voz ajena, va poco a poco descubriendo la personalidad y obra de Fernando Alencastre.  Su primer encuentro – desde luego- es  a través de la lectura de un libro de Fernando, San Miguel al amanecer.
Esta parte (Lima en Rock I y II) nos conduce por los sinuosidades de esta personaje, su mirada, su familia y muchos   de los complejos que lo persiguen y las ilusiones concebidas en un proceso de vida en la urbe achorada y pendenciera de estos tiempos.
Hasta ahí vemos que la historia va  creando interés, hay una buena construcción de los personajes, como siempre cuidando el lenguaje y el ritmo.  Pese a algunas mínimas redundancias la novela se lee con interés   de una novela bien planteada. Tal vez algún dialogo o alguna sorpresa de este cautivante personaje  Stanley Simmons ayudaría a  darle un sólida base a su  estructura. Como Caballero  sabe de técnica narrativa guarda celosamente, estoy seguro, las proezas   y desventuras que  uno espera de Beatriz. La mujer, el amor y los conflictos de toda laya atravesando  la historia que tal vez nos anuncie  el por qué de su titulo: El ocaso de un gigante.


1 comentario:

Arturo Caballero dijo...

Hola hermano muchas gracias por este comentario. Lo leí con inevitable emoción. Es en realidad el primer texto crítico sobre este relato que poco a poco va dandose forma a sí mismo. Lo agradezco de corazón. Un fuerte abrazo.

Charly