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jueves, 8 de diciembre de 2011

EL PROBLEMA DEL TIEMPO



Carlos Rivera

El presente, el tiempo, la aceleración de los actos cotidianos, la hiperactividad de las personas. Los rituales de la modernidad exigen estar acorde a su dinamica actual. En suma, vivimos momentos de una aceleración virtual (las Redes Sociales e Internet) y física (relaciones de la vida diaria). El proceso altera las conductas y las performances sicológicas de las personas, y en la misma autopista de esta vida acelerada subyace una agresividad propia a una urbe, metrópoli o megaciudad. Desde luego, nuestra Arequipa va encaminada a ser una urbe (caótica, pero honrada).

Ejemplo 1

La señora que me vende el pan en las mañanas, me atiende con unos movimientos rápidos, mueve su cuerpo de un lado hacia otro, habla velozmente, me atropella con su apretado léxico. Me sugiere con sus actos que está apurada y que debe atender asuntos más importantes que despachar mi pedido. Lo curioso, es que “esas cosas” que hace, son las mismas que veo desde hace más de diez años que la conozco. Habrá cambiado uno que otro detalle, pero su dinámica de acciones cotidianas y de responsabilidades son las mimas. (Aunque desde luego estoy siendo subjetivo)

Ejemplo 2

El taxista o chofer de transporte público que está en pleno semáforo en rojo, quiere que avancen los demás, a pesar de que este color, indica todo lo contrario ,en consonancia con una intrepidez irracional, toca su bocina en desesperada comparsa al igual que otros carros que forman la cola. ¿Acaso el contaminante ruido permitirá que la maquina cambie de color a pedido de la masa vehicular? ¿A caso el chofer no sabe que el semáforo en promedio tarda 10 a 30 segundos en cambiar de color?


Ejemplo 3
El cobrador de combi cuando se ve a media cuadra del controlador de las unidades, baja en plena marcha de la unidad y, corre sorteando los peatones llega con la tarjeta y logra marcar, según él, “a tiempo”. Desde, luego tampoco hay racionabilidad en ello, también redundan sobre la creencia de un control del tiempo a sus intereses.


Ejemplo 4
Una señora en plena Plaza de Armas, está a unos 5 metros de llegar a la esquina donde hay un policía de transito que ordena el trafico y permite que los ciudadanos crucen la vía de forma segura. Mira su reloj, mueve la cabeza y cruza en medio del vaivén de los carros, se detiene en medio de la pista a fin de sortear el roce de algún vehículo. La señora en mención tarda 17 segundos en promedio al cruzar desesperadamente la pista (y con los peligros que ello conlleva). Llegar hasta la esquina le tomaba 6 segundos y 4 segundos en cruzarla, con las explicitadas garantías, desde luego.


Ejemplo 5
Diariamente los jóvenes, amas de casa, participaron y lo siguen haciendo hasta la actualidad. Se paran frente a un puesto de periódicos y contemplan las portadas de los periódicos y leen sus titulares y vuelven a sus quehaceres con la ya implícita tarea de haberse “informado”
En la actualidad y con la consolidación de las redes sociales y la información web sobreabunda los datos, noticias fuentes y curiosidades, entonces este ejemplo citado se repite: casi una gran mayoría observa solo los muros de las cuentas de facebook o lee las primeras palabras de los textos colgados y sobre esa información de generalidades mantienen un discurso, una dinámica de conversación entre sus contactos de interés.


Intentando unas reflexiones
Hace unos años comprar era un acto de cortesía, de plática. Uno distribuía su tiempo entre una mínima reflexión sobre el objeto de compra: precio, necesidad, utilidad, calidad entre otras cosas. Hoy, solo buscamos satisfacer algunos o uno de estos criterios en excusa, desde luego, del tiempo que se nos va y no nos permite perderlo en una transacción pueril.
El tiempo en las Redes Sociales supone una estructuración y accionar acorde a esa súper velocidad en la que transita la información y uno no debe mostrarse desfasado o confesar impoluto el delito de no haber leído con una perspectiva reflexiva dicha información (y no estamos hablando de ejercicio critico o reflexiones plenas de esquemas lógicos) sino de una sencilla lectura o, en el mas honesto de los casos, negarse a hacerlo por no estar en el limite de sus intereses.

La dinámica de una ciudad va a acompañada de su desarrollo económico y cultural pero lo que determina que los actos de sus ciudadanos vayan moldeándose a una tendencia (global, nacional o local) es el modelo económico que viene implícito en un dicusrso y práxis de crecimiento de las ciudades en infraestructura, ofertas laborales, moda, acceso a los servicios y una vida de ciudadanos urbanos convertidos ahora en sujetos de mercado, atados a sus caprichos y demandas.
Como el libre de mercado no es un ente objetivo o un sistema de pensamiento, sino más bien la expresión pragmática de una realidad complementaria a un sistema económico como es el neoliberalismo, que tampoco dice ser (según sus representantes) una ideología. Los ciudadanos son solo eso: clientes. Toda la parafernalia de las estrategias de ventas, rollo corporativo, y políticas de las empresas están orientadas solo a captarlo y mantener su fidelidad a punta de ofertas. A ello, podemos agregar, la publicidad: la arquitectura de las imágenes sugestivas perfilando el sentido de pertenencia de ser parte de un grupo que asegure un “estatus”.
Arequipa esta enfrentando esa cambio de ciudad a urbe (asumiendo desde luego los deméritos de la misma: caos vehicular, desordenado crecimiento urbano, altos niveles de contaminación, y algo de lo que ya están observando muchos expertos: el llamado centralismo regional)
Ese nuevo ciudadano arequipeño siente que debe andar a la velocidad de los tiempos, esto le exige actuar aceleradamente y siente que lo suyo es exclusivo, pero es algo tan común en las personas hoy en día. El tiempo es su peor enemigo, no les alcanza ni para sus relacione familiares, sociales y/o profesionales. En cada una de sus actividades, sea hacer alguna diligencia en un banco, alguna compra, realizar algún tramite ante alguna dependencia publica, reunión de distinta índole, en su carro particular, en el trasporte publico, en la universidad se enfrenta con su reloj y los segundos que lo aniquilan y lo conminan a hacer todo, desesperadamente.
Parecen androides cumpliendo sus rituales y mientras esperan la noche para recostarse y pensar en el trajín inmisericorde del día siguiente.
Tal vez una anécdota pudiera sintetizar esta reflexión. Un día fui al visitar a un amigo de la escuela, este se disponía a ver una película y cuando ya había avanzado unos veinte minutos del desarrollo de la historia, lo adelantó para ver el final, dado que no podía perder el tiempo, viendo las dos horas del film. La comunión de la vida humana ahora es la prisa , la velocidad.

1 comentario:

Arturo Caballero dijo...

Hola Carlos, lo que mencionas me trae a la mente a Lipovetski (La era del vacío), Max Weber (La ética protestante) Zygmunt Bauman (Etica posmoderna) y Marshall Berman (Todo lo sólido se desvanece en el aire). En suma, el tiempo en la sociedad postindustrial y en sus márgenes es un valor que exige capitalizar al máximo cada segundo lo que acelera la obsolescencia de los objetos y cosifica las relaciones humanas. La etica protestante de hasta mediados del siglo XX (ahorro, trabajo, familia, tradición, perdurabilidad de los objetos) ha sido reemplazada por la evanescencia, por la fugacidad, la obsolescencia precoz, la caducidad del producto antes de que rinda lo mejor que puede. Ello lo provoca este culto al tiempo como un valor que se diluye si no se obtienen ganacias con él.

un fuerte abrazo